LOS SECRETOS DE NUESTRA ASCENSIÓN AL MOUNT ATHABASCA

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[…Pero poco a poco nuestra alegría inicial se fue apagando y el cansancio se apoderaba de nosotros… las 3 cumbres previas de esa misma semana se estaban haciendo notar… y el hecho de hundirse constantemente en la nieve, ya nos estaba agotando la paciencia…]

Un montón de emociones y sensaciones se apoderaron de nosotros en nuestra ascensión al Mount Athabasca.

La historia que terminó con un feliz final y celebración en la cumbre, guarda un montón de secretos y vivencias de frustración, miedo y desilusión… A continuación, compartimos contigo todos los detalles de nuestra ascensión al Mount Athabasca.

Íbamos viajando en nuestra Wheely por la ruta 93 desde Banff a Jasper, cuando vimos una montaña que especialmente nos llamó la atención. La verdad es que en la ruta hay MILLONES de montañas espectaculares, pero ésta nos conquistó con su imponente glaciar, que parecía estar tan cerca. Paramos la camioneta y tal cual estábamos vestidos nos bajamos a explorarla…

Obviamente sin la ropa adecuada, no pudimos avanzar mucho por la nieve y el glaciar, pero fue el empuje final necesario para decidir ir a subirla al día siguiente.

Una vez ahí, tanteamos terreno, evaluamos las posibles vías y bajamos para preparar mochilas y equipo.

El día antes de subir una montaña nevada siempre se hace largo, entre las ansias de partir luego y los nervios propios de una aventura como ésta. Y por supuesto cada uno tiene su propia manera de reaccionar…

Yo me pongo nerviosísima, y canalizo todo a mil revoluciones. Me puse a hacer “listas” del equipo técnico necesario y posibilidades de comida para llevar (a esas alturas de la semana no nos quedaba casi nada en la despensa), ordené la camper, cociné todo lo que pude y le insistí mil veces a Pepe que había que practicar técnicas de rescate en grieta por si pasaba algo… me daba mucho miedo no estar preparada en caso de emergencia.

Pepe, por su parte, todo lo contrario a mi.

Con su relajo característico previo a subir los cerros, chequeó la ruta y clima con el wifi que pilló en un hotel al frente, organizó las mochilas y se echó a dormir una larga siesta con la ilusión de cargar pilas para el día siguiente.

Comimos, pusimos alarma y nos acostamos temprano, emocionados y algo nerviosos por la expedición que se venía.

A las 6 am sonó la alarma. Era una mañana fría y ventosa, pero a lo lejos se veía el imponente glaciar despejado y más atrás, nuestra ansiada cumbre.Caminamos sin problemas cerro arriba hasta la morrena, lugar donde había que encordarse pues empezaba el glaciar.

Aquí es donde sale toda la parafernalia de equipo y se empieza a complejizar la aventura… con polainas, crampones, casco, piolet, cordines, mosquetones y poleas a cuestas, partimos cruzando el glaciar.Encordados y listos para partir cruzando el glaciar

La ruta fue bastante más dura de lo que imaginamos y nos tomó también más tiempo de lo esperado, ya que las condiciones de la nieve no eran las mejores, y la verdad, es que yo iba más lento de lo común… me costaba respirar con la costilla fisurada y a medida que aumentaba mi cansancio, aumentaba también mi dolor y la dificultad para tomar aire…

Pero a punta de esfuerzo seguimos abriendo camino entre la nieve, inspirados por los ceracs, grietas y cornizas nevadas que decoraban nuestro glaciar…

Pero poco a poco nuestra alegría inicial se fue apagando y el cansancio se apoderaba de nosotros… las 3 cumbres previas de esa misma semana se estaban haciendo notar… y el hecho de hundirse constantemente en la nieve, ya nos estaba agotando la paciencia.Pepe quería ir más rápido, y yo no podía, lo que aumentaba la tensión entre nosotros y sobre todo mi frustración…

Y para peor, cuando pensábamos que nos quedaba solo 1 hora hasta la cumbre, nos encontramos con una cordada que iba bajando y nos dijo que nos quedaban 3 horas más !!! Qué ???

Cuando uno se hace cierta expectativa de la duración de la ascensión y te encuentras en medio de la montaña con la “sorpresa” de que era bastante más larga de lo esperado, es súper frustrante y comienzan los desagradables cuestionamientos existencialistas sobre “por qué estás en medio de la nada, hundiéndote en la nieve, cansado, mojado, con hambre y con frío…??”

Pero luego miras a tu al rededor y te das cuenta que estás en un lugar maravilloso y paradógicamente privilegiado, y que si ya te has esforzado tanto por llegar donde estás, vale la pena seguir intentándolo por descubrir los secretos de la cumbre…

Y así, entre mi casi “aborto de misión”, y luego de discutir como cordada si seguíamos o no, decidimos continuar el último y más empinado tramo de la montaña: el último filo.Entre acarreo, piedras sueltas, hielo y algo de escalada en roca, estábamos a punto de alcanzar la ansiada cumbre.Pepe iba de primero en la cordada, y me gritó emocionado “chica, estamos casi”.Con su grito de aliento, me volvió el alma al cuerpo para escalar ese último metro de pendiente…

Llegué arriba con mi ilusión de cumbre y me encontré con un filo nevado que bajaba y luego volvía a subir hasta donde se asomaba justo en frente, la flamante cumbre.

No tengo palabras para explicar mi decepción, rabia y frustración. Tenía ganas de llorar de rabia y mandar todo a la punta del cerro… aunque más bien, ahí estaba yo… literalmente en la punta del cerro, solo que no era la cumbre del cerro Athabasca.

Cómo era posible que todavía no llegáramos a la cumbre y que más encima ahora había que bajar lo que con tanto esfuerzo había escalado con mi hombro lesionado !!!!

Pero ya no había tiempo ni energía para cuestionamientos, así que en modo automático seguí caminando por este filo, que a estas alturas de mi cansancio parecía ser eterno…

Pero mirando a mi al rededor, y casi de una manera mágica, pude ir paso a paso por ese filo nevado, empapándome de una energía que no se dónde estaba antes… la vista desde arriba solo puede ser descrita como MÁGICA. Parecía estar en un sueño… y fueron esos glaciares y campos de hielo infinitos los que me devolvieron la energía suficiente y principalmente mi alegría, de forma instantánea.

Ya todo había cobrado sentido y estábamos al fin en la cima del monte Athabasca: abrazados, emocionados y felices. Gritamos de alegría, nos abrazamos y sacamos las fotos de rigor…

Nos inundaba una sensación de paz y luz que es difícil de explicar, y se que quienes han estado en la cima de una montaña nevada pueden entender a lo que me refiero… una sensación y emoción tan maravillosa, que te hace recordar hasta los peores momentos de sufrimiento en la montaña como experiencias únicas que hoy te hacen merecedor de esa cumbre… y que quedarán guardadas en tu mente y corazón, como recuerdos poderosísimos y mágicos que te harán volver a las blancas montañas una y otra vez…

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